María Corina Machado en Madrid, ejercer la libertad a la venezolana

21.04.2026
El 18 de abril, decenas de miles de venezolanos recibieron a María Corina Machado en la Puerta del Sol en Madrid, después de que esta se reuniera con Isabel Díaz Ayuso y recibiera la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid junto con Carolina González, en representación de su padre, el presidente electo Edmundo González Urrutia. Fotos de Isabella García-Ramos Herrera

El que crea que lo que pasó el 18 de abril a las 18:00 en la Puerta del Sol de Madrid fue solamente una cuestión política, no ha entendido nada.

Recibir a María Corina Machado en Madrid no fue un rally político. No fue una convocatoria para una campaña electoral. No fue tomarse una foto protocolar en una gira de reuniones diplomáticas.

Recibir a María Corina Machado en Madrid fue darnos un abrazo.

27 grados centígrados. Calor seco. Pocas nubes. La luz intensa, amarilla, de Madrid, cae desde el Oeste, en dirección a la Plaza Mayor y al Palacio Real, sobre la tarima en la que un DJ pone todo tipo de canciones. No cabe un alma en la plaza. Las calles Mayor, del Arenal, Preciados, del Carmen, de la Montera, Alcalá, San Jerónimo y Carretas están colapsadas. Algunos dicen que el gentío llega hasta la Gran Vía. Miles, decenas de miles, esperan por una sola persona: María Corina Machado.

Supe de una que se vino desde Ávila hasta Madrid ese mismo día. Otros que alquilaron un autobús y venían desde Portugal. Es el mismo movimiento de la gente que se fue hasta Oslo para recibirla con el Premio Nobel de la Paz, así tuvieran que estar a las puertas del recinto y esperarla hasta las 2:00 am a las puertas del hotel.

¿Qué tiene María Corina Machado que la gente se mueve así, desde las distintas esquinas del mundo, para ir a verla? ¿Qué tiene que la gente se planta horas antes de que llegue solo para estar en un lugar privilegiado y tener la oportunidad de darle un rosario, una pañoleta con un dibujo de arepas, o un cuadro pintado por ellos mismos? La última vez que ella sacó la cuenta, antes del 10 de diciembre de 2025, tenía 7.000 rosarios en su colección. ¿Qué tiene María Corina Machado que las madres alzan sobre sus cabezas a sus hijos para que ella los agarre en brazos y les dé un beso y la bendición? Estas últimas lo entienden mejor, porque le dan a María Corina Machado, así sea unos minutos, lo más sagrado que tienen entre manos: las vidas de sus hijos.

Lo que tiene que entender el mundo, si no lo ha entendido ya, es que la relación entre María Corina Machado y los venezolanos no es la relación al uso entre una candidata y sus votantes. No es una relación vertical, jerárquica. Porque María Corina Machado no ejerce la política desde el poder. No es la ambición lo que la mueve, no es el querer un cargo, no es el orgullo de codearse con los hombres y mujeres más poderosos del planeta. María Corina Machado ejerce la política desde un antipoder: el amor.

María Corina Machado es ingeniera. Ama tanto a los niños venezolanos que, un día, cuando fue con su padre a una ONG donde atendían a niños en situación de calle, quedó tan impactada con la pobreza de esos niños que se prometió dejar la ingeniería, meterse en política, y trabajar para darles una vida digna.

María Corina Machado ama tanto la democracia, que fundó en 2002 el equipo de Súmate: una organización encargada de educar a la gente en procesos electorales y defender los comicios en Venezuela de cualquier tipo de fraude.

María Corina Machado ama tanto la verdad que, cuando era diputada en la Asamblea Nacional, se enfrentó a Chávez y le dijo delante de todo el país que expropiar era robar.

María Corina Machado ama y custodia tanto su vocación de servicio que, cuando le lanzaron un micrófono en la cara en una trifulca en la Asamblea Nacional y le fracturaron la nariz, no se retiró del cargo para el cual fue elegida con la mayor cantidad de votos que cualquier diputado ha obtenido en la historia de Venezuela.

María Corina Machado ama tanto a sus hijos, que adopta los hijos de otros. Dice que «Venezuela son mis hijos» y da besos, abrazos y la bendición a los venezolanos que se encuentra en cada ciudad del mundo.

María Corina Machado ama tanto al pueblo venezolano que, en más de 15 años de carrera política, no se ha alejado ni un paso. Ni cuando la llamaron radical, ni cuando la citaron en la Fiscalía para imputarle cargos falsos en 2014, ni cuando la han dejado a un lado, ni cuando le prohibieron salir del país. Nada. María Corina Machado siempre ha estado ahí.

María Corina Machado ama tanto al pueblo venezolano que lo ha llevado a hacer algo que, después de más de veinte años de dolores y desilusiones, parecía imposible. María Corina Machado ha enseñado al pueblo venezolano a confiar otra vez.

Porque, al final, ¿quién puede amar sin confiar? ¿Y qué relación de amor no empieza con la confianza en el otro?

María Corina Machado ha enseñado a Venezuela y al mundo entero que la confianza se adquiere en la convivencia y en los actos concretos, no en las especulaciones abstractas. Así, dijo que se iban a realizar las primarias el 22 de octubre de 2023, y se llevaron a cabo. Dijo que se presentaría como candidata para las elecciones presidenciales de 2024 y cuando fue inhabilitada, consiguió no uno sino dos reemplazos (primero Corina Yoris y después Edmundo González Urrutia). Dijo que obtendría el triunfo el 28 de julio de 2024 y lo obtuvo, lo documentó, y las pruebas han dado la vuelta al mundo. Prometió permanecer en Venezuela y vivió más de 10 meses en clandestinidad. Prometió ir a recoger el Premio Nobel de la Paz y apareció en Oslo a las 2:00 am después de una peligrosa travesía en diciembre de 2025.

¿Cómo no confiar en alguien que ha cumplido cada cosa que dice? ¿Cómo no confiar en alguien que, como María Corina Machado en la Puerta del Sol, te dice: «yo puse mi vida en las manos de los venezolanos porque confío en ustedes»?

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Tanta es la confianza que nos tenemos, que cuando María Corina Machado apareció en el balcón del Ayuntamiento de Madrid con Isabel Díaz Ayuso, Carolina González —hija del presidente electo Edmundo González Urrutia—, Cayetana Álvarez de Toledo, entre otros, después de dos gritos de la gente que le pedían que bajara, ella accedió. «Como aquí hacemos las cosas a la venezolana», dijo, «bajaré a encontrarme con ustedes, a abrazarnos, porque hoy empieza el regreso a casa». Minutos después, atrás quedó el blazer rojo, los pantalones negros de vestir y los zapatos de tacón para salir con camisa blanca, vaqueros y zapatos de goma.

Tanta es la confianza que nos tenemos, que María Corina Machado abrazaba a la gente, les daba besos, estrechaba sus manos, recibía sus rosarios y cuando por fin llegó a la tarima, se acercó al borde para seguir saludando. Los cuerpos de seguridad se le acercaron para separarla de la multitud y María Corina Machado, con determinación, los apartó. Echó a los guardaespaldas. Les pidió que se alejaran. Porque ella no le tiene miedo al pueblo venezolano. Ella confía en nosotros, tanto como para pasarse el tiempo que haga falta abrazando, agradeciendo, sonriendo, ante cada uno de los rostros que la esperaban al borde del escenario.

Por eso, María Corina Machado puede decir «los amo» en un escenario y no sonar ridícula —detengámonos un momento a pensar qué otro político del mundo puede decirle esto a la gente que va a verle y no nos hace ruido—. Porque María Corina Machado me recuerda a la frase de Karen Blixen que dice:

«Hasta el día de hoy […] nadie ha visto aves migratorias dirigirse a esferas más cálidas que no existen, ni ríos desviados a través de rocas y llanuras para desembocar en un océano que no se encuentra. Porque Dios no crea un deseo o una esperanza sin tener una realidad dispuesta a realizarlos. Nuestro deseo es nuestra certeza, y bienaventurados los nostálgicos, porque volverán a casa».

Para los venezolanos, que tenemos el deseo de una nación democrática, de una vida digna para todos en nuestro país, de volver a estar con los nuestros, de poder expresarnos sin miedo, de que el fruto de nuestros esfuerzos llene el bolsillo, de conseguir trabajos dignos, todos estos deseos encuentran en María Corina Machado —y en todo su equipo— la energía concreta dispuesta a realizarlos.

María Corina Machado decía en la Puerta del Sol que los venezolanos «no concebimos la vida si no es en libertad» y tiene razón, pero me gustaría señalar algo aún más impresionante. María Corina Machado nos ha enseñado a ser libres en medio de la adversidad. A ser lo suficientemente libres para alzar la voz. A ser libres para trabajar por un país cuando parece que no vale la pena porque todo se cae a pedazos. A ser libres para decidir con quién reunirnos porque sabemos identificar quién nos ayuda a avanzar y quién no. A ser libres para volver a confiar en procesos democráticos cuando parecía que no servían para nada. A ser libres para no olvidar a quienes nos han ayudado, aunque nos quieran convencer de que no son nuestros aliados. A ser libres para permanecer en nuestro deseo de una vida mejor, cuando parece que todos nos dicen que no hay forma de resolver lo que estamos viviendo, que bajemos la cabeza, que es demasiado difícil, que es demasiado complejo, que mejor conformarnos con nuestras cuatro cosas y «pasar por debajito».

Si algo ha hecho María Corina Machado entre las mil hazañas que ha conseguido, es darnos la libertad de volver a soñar con un país a la altura de nuestro deseo. Nos ha dado la libertad de volver a soñar con un regreso a casa. Nos ha dado la libertad de soñar con el papel que ejerceremos en la reconstrucción de nuestro hogar. Nos ha dado la libertad de amar nuestro país y amar la tierra en la que nos han acogido en el exilio sin que un amor sustituya al otro. Nos ha dado la libertad de exigir justicia, de defender la dignidad humana, y de consolidar la reconciliación nacional. Porque en Venezuela ya no hay dos bandos: hay los últimos coletazos de un pasado tormentoso y los primeros rayos de luz de un futuro prometedor.

Termino contestando la pregunta que Federico Jiménez Losantos se hacía en EsRadio: «María Corina Machado estuvo perfecta en la Puerta del Sol en Madrid. ¿Cómo es posible? Una mujer que no tiene ningún poder, ¿cómo tiene que parecer que tiene poder cuando solo tiene legitimidad? Porque no tiene fuerza física, porque no tiene un ejército, no tiene mercenarios, no tiene nada… excepto la razón.»

María Corina Machado no «parece» que tenga poder. Lo tiene. Pero no es el poder del puño cerrado, del cinismo ni del manipulador. Es el poder de un abrazo entre miles, decenas de miles, y alguien que vino hasta Madrid a decirnos que nosotros también seguimos perteneciendo al país del que nos sacaron. Es el abrazo de alguien que está abriendo camino para volver a casa, y que dice que nos espera allá.

¿Cómo no atravesar España o la Península Ibérica para venir a ver a alguien que tanto te ama? Porque eso fue lo de la Puerta del Sol el 18 de abril a las 18 horas en Madrid. No fue un rally político, no fue una convocatoria de una campaña electoral, no fue una foto protocolar en una gira diplomática. Fue un reencuentro. Fue un abrazo. Fue un recordarnos que la libertad es lo más valioso que tenemos y que nadie puede arrebatárnosla. Fue decirnos «confío en ti» mutuamente. Fue despedirnos diciendo «nos veremos pronto, haz tus planes y tus maletas, te espero en Venezuela». Fue, como dijo María Corina Machado: «el comienzo del regreso a casa».

Y si queremos insistir en que el encuentro con María Corina Machado del 18 de abril a las 18:00 en la Puerta del Sol de Madrid es solo una cuestión política, pues, sí, vale, digamos que sí. Este encuentro también es una forma de hacer política, sí, es luchar por la democracia y ejercer nuestra libertad… a la venezolana.

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Comentarios 2

Comentarios2

  1. Un artículo muy elocuente, escrito desde la razón y desde el corazón. Y sin entrar en diatribas con politiquitos pequeños con cargos que les quedan demasiado grandes.

    María Corina es lo carismático sin ser una mesías. Es un animal político indescriptible. Y las penurias de tantos años nos han forjado para poder comprender su valor. Gracias, Isabella, un artículo impecable 🇪🇸🇻🇪

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